Lais de Corinto, Madame de Pompadour, Teodora de Bizancio, La Malinche, Madame du Barry, Catherine Walters, La Güera Rodríguez, Ninón de Lenclos, Lola Montez, La Bella Otero… todas estas mujeres, que vivieron en siglos muy diversos, tienen algo en común: todas ellas fueron prostitutas de lujo, todas fueron, de un modo u otro, lo que hoy viene a ser una escort.

Bellas, apasionadas, inteligentes, todas las mujeres que hemos citado en el párrafo anterior se relacionaron con lo más granado de la sociedad del momento. Unas fueron amantes de reyes y emperadores, otras desempeñaron un papel muy importante en la independencia de ciertos países, otras dieron glamour y elegancia a los salones de las cortes más exquisitas del momento. Madame du Barry, por ejemplo, compartió, tras hacer lo mismo con el de muchos hombres, el lecho del monarca francés Luis XV. Catherine Walters, por su parte, sensual y enigmática, fue una de las más grandes cortesanas de la época victoriana en Inglaterra. Se dice que su cama fue visitada por muchos políticos y por algún que otro miembro de la realeza británica. Hay quien sostiene, incluso, que Catherine Walters llegó a “aliviar” las necesidades eróticas del rey Eduardo VII.

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¿Y qué decir de La Bella Otero? Bastará citar cinco nombres para dar fe de hasta qué punto esta mujer que se hizo célebre por su forma instintiva de bailar y cantar ha sido, sin duda, una de las mujeres más sensuales y excitantes de las que la Historia guarda recuerdo. Esos cinco nombres son los de Nicolás II, zar de Rusia; Leopoldo II, rey de Bélgica; Guillermo II, káiser de Alemania; Eduardo VII, rey de Inglaterra; y Alfonso XIII, monarca español. Según se cuenta, estos cinco hombres no solo estaban hermanados por ser personajes de “sangre azul” y por hallarse en lo más alto de la pirámide social de sus respectivos países. También lo estaban, por lo que se ve, por haber saboreado todos ellos los múltiples encantos que, al parecer, atesoraba La Bella Otero.

Y es que La Bella Otero, al igual que todas las mujeres anteriormente citadas, se hallaban, también, en la cúspide de la pirámide de una profesión milenaria: la de la prestación de servicios eróticos. Todas ellas aunaban sensualidad y clase, elegancia y lujuria, belleza y saber estar. De haber vivido en estos tiempos todas ellas habrían sido, sin duda, escorts. Y es que la escort, o la acompañante de lujo, no solo ofrece servicios sexuales. Ofrece, también, un acompañamiento integral que está solo al alcance, si no de monarcas y emperadores, sí de los caballeros más sibaritas y exigentes, personas que en todo momento saben mirar a la vida de frente y descubrir en ella sus más preciadas joyas.

Del mismo modo que la conversación de Madame de Pompadour debía brillar, por su amenidad e ingenio, en la corte de Luis XV, allá por el siglo XVIII francés, también la conversación de las call-girls de lujo de nuestros días brilla en cualquier tipo de evento, en una inauguración, en una cena de empresa, en una presentación… De la mano de estas auténticas diosas de la sensualidad y el saber estar, un caballero puede acudir a cualquier acto sabiendo que, sin duda, será el hombre más envidiado del mismo. Y puede hacerlo, además, disfrutando de la certeza de saber que, finalizado dicho evento, lo que le espera, en la intimidad de su domicilio, del apartamento privado de la acompañante de lujo que le acompaña, en un cuarto de hotel o en el espacio maravillosa y elegantemente decorado de una habitación de agencia, es una especie de paraíso lleno de placeres en el que la mujer que hasta ese momento se ha comportado como una auténtica dama empezará a portarse como una auténtica maestra del placer, una imaginativa y juguetona amante que siempre encontrará la manera de satisfacer las necesidades de ese caballero que ha tenido la dicha de contratar sus servicios y que espera, embriagado de deseo, convertir en realidad sus fantasías más íntimas.

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Y es que las escorts de lujo son algo así como una especie de magas que convierten los sueños en realidad. Para ello utilizan la varita de su implicación total, de sus cuerpos genéticamente privilegiados y cuidados para dar siempre lo mejor de sí, de su sabiduría como amantes. La call-girl, además de ser, en lo público, discreta y educada, es una auténtica maestra que domina las más variadas técnicas sexuales, ésas que son capaces de conducir a cualquier hombre hasta el éxtasis más intenso que un hombre pueda imaginar. Una pena que no abunden las escorts en Sevilla, pero de haberlas las haylas.

Blancas, negras, mulatas y orientales; rubias, morenas o pelirrojas; españolas, latinas, del Este, europeas o brasileñas… En el paraíso de las escorts, en ese espacio en el que la belleza se convierte en elemento común y el erotismo en una cualidad omnipresente, todo amante del placer erótico puede encontrar, sin duda, la chica de compañía que se ajusta perfectamente a la imagen perfecta de su mujer soñada. Y esa chica de compañía, esa prostituta de lujo educada y lujuriosa a partes iguales que sabrá todo lo que tiene que saber para satisfacer los deseos de su cliente, permanecerá por mucho tiempo en su memoria. Y ese recuerdo, en la memoria del cliente que ha tenido la dicha de vivir una experiencia llena de pasión y de lujuria con una escort de lujo, será algo así como el canto de una sirena, la voz mágica y subyugante que le indicará, en los momentos en los que el deseo, de nuevo, vuelva a encenderse, el lugar al que deseará volver. Y seguramente lo hará. Porque… ¿por qué no regresar de nuevo al lugar en que se fue feliz?

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Y sí, seguimos diciendo que es una pena que en Sevilla no abunden estas prostitutas de lujo pero puedes coger el AVE y conocer escorts en Madrid y si te apetece visitar la sagrada familia, también podrás aprovechar para conocer escorts en Barcelona, las dos ciudades más afortunadas en España en el tema puterío de lujo.